PANDEMIA Y REFORMA TRIBUTARIA: SI SE SABE ADMINISTRAR LAS DOS, ESTAMOS ANTE UNA GRAN OPORTUNIDAD DE LOGRAR EL CAMBIO PROFUNDO QUE TANTO BUSCAMOS.

Juan Pablo Merchán Díaz Contador público

Especialista en gerencia del talento humano

Editor especialista tributario y contable

Correo: juan.merchan@notinet,com.co

Nadie se imaginaba hace 2 años que prácticamente iba a pasar lo que está pasando en la actualidad. Ya se ha pasado un año en que a pesar de los golpes que ha tenido la economía colombiana, sigue en pie; a pesar de las circunstancias. Sin embargo, la reforma tributaria a profundidad como se conoció en el proyecto de ley radicado en el Congreso de la República, a pesar de dejar muchas dudas, se torna necesaria. Pero por lo visto, ha muchos les ha parecido injusta e inequitativa.

Uno debe entender que los impuestos son necesarios para el funcionamiento del aparato estatal, y que uno como ciudadano tiene la obligación constitucional de contribuir con el funcionamiento institucional. Lo que no se considera justo es que haya tantas exenciones tributarias a grandes capitales, recargando la obligación sobre la clase media, gran damnificada en todas las reformas tributarias.

Yo como ciudadano entiendo y acepto la obligación que tengo de contribuir, a pesar de que muchos no quieran hacerlo. Pero es muy difícil ver y más entender, cómo grandes empresas, conglomerados financieros, generan grandes utilidades y los impuestos que pagan parecieran diluirse en un mar de corrupción y de burocracia innecesaria para agradecer una u otra clase de favores.

La pandemia no solamente nos debe dejar como enseñanza que debemos apretarnos el cinturón y pagar. Debemos ser más empáticos con la ciudadanía que no tiene mayores recursos, aquellos que quedaron desempleados por culpa del COVID 19; porque prácticamente lo que nos están diciendo con esto es que aquellos grandes capitales no han sido tocados.

A pesar de que hace poco se declaró legal la sobretasa al impuesto de renta que las entidades financieras con sus grandes movimientos de capital y por ende grandes utilidades, deben pagar; se necesita que hagan un esfuerzo más grande y no solamente en el pago de impuestos. En la generación de empleo, en la mantención y fortalecimiento de los que la pandemia no destruyó.

Todos somos afectados de una u otra forma por la pandemia. Pero no podemos simplemente aceptar que la balanza se incline para un lado y que mientras los grandes conglomerados nadan en dinero; el asalariado, el de a pie, el trabajador que gana poco más de 2 millones de pesos tenga que soportar del todo una carga que no hay cómo poderla sopesar.

Pero no solamente se trata de decir que los grandes capitales deben contribuir. Estamos ante una enorme oportunidad de formatear nuestro pensamiento y tener en cuenta que debemos ser más vigilantes de lo público y no tolerar actos de corrupción. Dejar de lado del pensamiento de que el más vivo es el que gana y el que tiene plata marranea (como dicen popularmente).

Es ahora que debemos pensar en que, si se hace una reforma tributaria, también debe hacerse una reforma al sistema penal, y que realmente el estado castigue todo tipo de corrupción que es la que no nos permite salir adelante. Y es que la corrupción tan rastrera como astuta, ha sido inherente al ser humano desde el principio de los tiempos.

Alguien dijo: “El país está diseñado para robar; desde el que vende aguacates, hasta el presidente piensa en robar”. En los años 80, Los Prisioneros (Grupo de rock en español) lo mencionó de otra manera: “Salvavidas, delincuente, conductor o presidente, la cuestión funciona del mismo modo…Quieren dinero”.

Entonces, la reforma tributaria debe ser equitativa. Todos debemos contribuir, pero los que tienen más deben contribuir con más y los que tienen menos deben contribuir con menos, y aquellos que estén en una situación de vulnerabilidad que deban comprobarlo y si tienen que contribuyan y si no que el mismo aparato estatal les tienda las ayudas necesarias.

Y erradicar la corrupción de manera que lo que los ciudadanos pagamos en impuestos, realmente veamos el retorno en inversiones en infraestructura, programas y ayudas sociales, seguridad y en todos los campos en los que el Estado tiene la obligación de atender. Esta es la tarea más compleja de todas, pues implica que todos y cada uno de nosotros cambiemos el chip y pensemos de manera honesta.

Estamos ante una oportunidad histórica que no debemos dejar pasar.